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YO, YO MISMA Y DEMÁS FAUNA

Yo no soy yo

Recorríamos el pasillo con la ansiedad del sediento cuando atisba un oasis en el desierto.

No quería que notase que mis pasos anhelaban convertir los metros en centímetros. Pero a la vez, me encantaba descubrir que los suyos perseguían lo mismo.

Cuando llegamos, no tardamos en cerrar la puerta tras nosotros.

Nuestros cuerpos se fundieron y nuestras bocas se buscaron. Llegaba a mis labios el agua fresca derramada por su lengua. Sentía sus manos abrasando mi cuerpo por encima de la ropa.

Le deseaba. Me deseaba. Ambicionábamos el cuerpo, el ser y la esencia del otro. Quería que fuera mío plenamente en ese instante...en cuerpo, alma y corazón. Aunque sólo fuera en unos minutos colmados de infinito. Quería ser parte  de él, como jamás llegaría a serlo fuera de aquellas paredes. El era mío y yo era suya.

Arrinconada entre su cuerpo y la pared, me despojó con sus diestras manos de la camiseta y dejó ante él, la imagen de mis pezones desafiantes. Se separó de mí para contemplar con perspectiva, cómo le provocaban desde detrás de la tela de mi sujetador. Mi pelo revuelto a consecuencia de mi reciente desnudez. Mi pecho moviéndose en el vaivén de la excitante cadencia, que da el ritmo de una respiración profunda. Mis labios, estaban ansiosos de estrecharse con los suyos....

Avanzó unos pasos acercándose a mí lentamente. Estiró sus brazos hasta llegar a mis caderas, donde las posó sin dejar de fijar sus ojos en los míos. Una de sus manos, iba retorciendo y plegando el largo de mi falda hasta dejar mi pierna desnuda.

Con la otra mano, acarició sutilmente mi pecho, subiendo por mi cuello y rodeando finalmente mi nuca, que atrajo para sí, acercando mi cara a su cara y dándome el beso que más incendiaba mi impaciencia.

Notaba cómo su lengua recorría mi cielo... cada rincón de mi boca y eso me hacía deshacerme. Le deseé con todas mis fuerzas... y fue entonces cuando su mano descubrió que por encima de mi muslo y por debajo de mi falda, no había nada que le impidiera rozar mi piel...no había ropa interior.

Se sorprendió enormemente, y a continuación me miró con esa mirada que sólo él posee. Mi sonrisa picara le decía: como puedes apreciar, hoy no te lo pondré difícil...pero algo me decía que él si me lo iba a poner a mí.

Me separó de la pared. Enlazó sus manos a mi espalda, desabrochando los corchetes y  dejando mi torso al descubierto. Cuando yo me creía arropada en sus brazos, giró mi cuerpo de frente a la pared y allí me quedé. Arrasando con mi falda dejándome completamente desnuda. Con  mis pechos sintiendo el frío muro  y en mi espalda su cuerpo acalorado. Su determinación para amarme a su antojo me excitó más si cabe.

Cogió mis manos con cada una de las suyas, entrelazó sus dedos a los míos y posó mis palmas en la pared. Mientras apretaba su cuerpo al mío, pude notar allí abajo, cómo había crecido su deseo.

Lamió mi cuello, recorrió mi espalda, rozó su piel contra mi piel y abandonó mis manos apoyadas al tabique, para exiliarlas recorriendo mis brazos, bajando por mis pechos y deslizándose hasta mis caderas.

Yo mantenía mis ojos cerrados. Veía su respiración, oía el crujir de sus caricias y sentía, cómo con su muslo intentaba separar los mios...

Le noté apoyarse en mi cuerpo para hincar sus rodillas en el suelo. Sus manos asían con fuerza mis glúteos, que empezó a mordisquear con suavidad, y las resbaló hasta mi interior.

Profundizó sus dedos en mi cielo y en cada rincón de mi recóndita y húmeda intimidad. Una y otra vez. Mi cuerpo se contorsionó de cintura para abajo para abrirme más a él. (De nuevo no se lo iba a poner muy difícil). Y pude gemir en ese instante, que mi cuerpo, mi alma y mi corazón estaban en sus dedos y en su lengua.

Pero era él quien mandaba. Lo había hecho desde antes de traspasar el umbral de nuestra habitación. Así que decidió que yo no sería la única en gemir.

Se levantó, me acarició la espalda y sin dejar un segundo al olvido e instalando para siempre en mi mente aquel recuerdo, decidió que su corazón, su alma y su cuerpo, serían míos en aquel precioso instante.

Apoyó su rostro en mi espalda, apretó su cuerpo al mío, y penetró en mi cielo una y otra vez hasta que llegamos a un tremendo éxtasis.

Y así nos quedamos unos minutos, recuperando el aliento. Sin palabras, y siendo conscientes de que ése era el último momento en que nuestros cuerpos, nuestras almas y nuestros corazones serían uno solo.

(PARA LUIS)

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3 comentarios

Ellyllon -

No es mi tetilla mariquiiiiiiiii!!!!!

Bastante me desnudo en el blog ya, como para ir enseñando mis carnes!!! jeje

y sabes? a mí tb me ha preguntado lo de 2+2...¿no tendrán preguntas más difíciles?????? jajajajajaajaj

Eres la leche mariquiiiii!!!

Besitos desde el país de los elfos.
Elly

Mariquilla Terremoto -

Ay!!1 que aquí en vez de numeros y letras te hacen preguntas tontas!! me han preguntado cuanto son 2 mas 2.. me mondo y me tronchoooooo!!!!

Mariquilla Terremoto -

Holaaaaaaa!!
Ya te lo había comentado en el otro...
Solo decirte que esté chula tu nueva kelly, aunque se me hace raro...

Un beso guapa

ps, la de la foto eres tu? interesante tetilla jajajajaja
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